Hidradenitis Supurativa

La hidradenitis supurativa (HS) es una enfermedad inflamatoria crónica de la piel, no contagiosa, que afecta principalmente las zonas de pliegues, como axilas, ingles, glúteos, mamas y parte interna de los muslos. Aunque es más común en mujeres y suele aparecer después de la pubertad, también puede afectar a los hombres. Un análisis global mostró una prevalencia promedio de alrededor del 0,3%, siendo del 0,2% en América del Sur.

¿Qué es y cómo se manifiesta?

En la HS, se produce una obstrucción de los folículos pilosos (la raíz del vello), lo que desencadena inflamación y puede evolucionar hacia nódulos dolorosos, abscesos con pus, pequeños orificios en la piel (llamados “túneles”) y cicatrices. Las lesiones suelen ser recurrentes, pueden tener mal olor y, en estadios avanzados, dificultar movimientos y actividades diarias.

Los signos más comunes incluyen:

  • Nódulos profundos y dolorosos.
  • Abscesos que drenan secreción (a menudo con sangre y olor fuerte).
  • Túneles” bajo la piel que pueden permanecer activos durante largos períodos.
  • Cicatrices gruesas que limitan la movilidad.

La HS puede confundirse con otras enfermedades

Debido a la apariencia de las lesiones, la HS puede confundirse con:

  • Acné
  • Foliculitis
  • Forúnculos recurrentes

Esta confusión a menudo retrasa el diagnóstico correcto, demorando el inicio del tratamiento y causando un gran impacto en la calidad de vida del paciente.

Atención:
La HS no es una infección de transmisión sexual (ITS), no se debe a falta de higiene y no es contagiosa.

 

Impacto en la vida del paciente

Además del dolor y las cicatrices, la hidradenitis puede:

  • Afectar la autoestima y la interacción social.
  • Generar ansiedad, depresión y aislamiento.
  • Impactar el desempeño laboral o académico.
  • En casos crónicos y raros, aumentar el riesgo de cáncer de piel (carcinoma de células escamosas).

Comorbilidades asociadas

La HS se considera una enfermedad sistémica y puede estar relacionada con otras condiciones, como:

  • Obesidad y síndrome metabólico.
  • Diabetes y alteraciones del colesterol.
  • Síndrome de ovario poliquístico.
  • Enfermedad inflamatoria intestinal (como enfermedad de Crohn y colitis ulcerosa).
  • Artritis.
  • Trastornos del ánimo, como depresión y ansiedad.

Factores de riesgo y hábitos que empeoran la HS

Algunos factores aumentan la probabilidad de desarrollar o agravar los brotes:

  • Tabaquismo (incluyendo cigarrillos electrónicos y vaping).
  • Sobrepeso y obesidad, que intensifican la inflamación y la fricción.
  • Estrés.
  • Ropa ajustada que provoca roce en las áreas afectadas.
  • Fluctuaciones hormonales (como antes de la menstruación).
  • Dieta rica en azúcares, ultraprocesados y grasas saturadas.

Diagnóstico

El diagnóstico es clínico y debe ser realizado por un dermatólogo experimentado. En algunos casos, se pueden solicitar estudios complementarios, como ecografía cutánea o resonancia magnética, para evaluar la extensión de la enfermedad.

Tratamiento

La HS no tiene cura definitiva, pero existen diversas opciones para controlar la inflamación, aliviar el dolor y prevenir la progresión:

  • Medicamentos tópicos (antisépticos, antibióticos).
  • Antibióticos orales en casos seleccionados.
  • Corticoides, usados por períodos cortos bajo supervisión médica.
  • Retinoides orales (en casos específicos).
  • Inmunobiológicos (como adalimumab, secuquinumab o bimekizumab), indicados en formas moderadas a graves.
  • Procedimientos (como drenaje de abscesos, láser para eliminación de vello, inyección de corticoides en lesiones activas).
  • Cirugías para eliminar túneles, cicatrices o áreas extensamente afectadas.

El tratamiento debe ser personalizado y multidisciplinario, incluyendo dermatólogos, endocrinólogos, nutricionistas, psicólogos y otros profesionales.

Cómo cuidar la piel

Los cambios en el estilo de vida tienen un gran impacto en el control de la enfermedad. Algunas recomendaciones incluyen:

  • Dejar de fumar y buscar apoyo especializado si es necesario.
  • Mantener un peso saludable con alimentación equilibrada.
  • Realizar actividad física regularmente.
  • Usar ropa holgada y transpirable para reducir la fricción.
  • Lavar la piel con jabones suaves o antisépticos, sin frotar.
  • Evitar la depilación agresiva (como rasurado o cera) en las áreas afectadas; la depilación láser puede ser una opción.
  • Informar al dermatólogo sobre síntomas como dolor articular, alteraciones intestinales o cambios en el ciclo menstrual.

¿Cuándo acudir a un especialista?

Si presentas bultos dolorosos y recurrentes en áreas de pliegues, acude a un dermatólogo lo antes posible.
El diagnóstico temprano puede prevenir complicaciones y mejorar significativamente la calidad de vida.

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